Smelter, un híbrido que no es para todos los públicos. Quien muerda una manzana y se enfrente a Dios en el jardín del Edén, está condenado a la condenación eterna, a pagar por sus pecados y a sufrir amargamente todos los dolores necesarios para expiar sus pecados. Antes de que pienses que te enfrentas a otro prodigio bíblico, Smelter combina la blancura de un típico juego de plataformas 2D de la vieja escuela con la complejidad de la estrategia en tiempo real, rematado con un motor gráfico de 16 bits para darle ese toque de la vieja escuela. que nunca duele.

Un viejo aire rememorando a los años 80

La trama es cautivadora y crepitante desde los primeros momentos, capaz de sorprender y hacer pensar a la gente. Como Eva y Smelter, vivimos una aventura irónica que ofrece escenas cautivadoras que embellecen una narrativa estructurada y fluida. Si Eva es más reflexiva y espera encontrar a su Adán, Smelter solo quiere recuperar y restablecer su imperio.

La jugabilidad está meticulosamente estructurada, gestionada con madurez y sencillez. Las fases de plataforma no son una gran novedad en comparación con otros títulos del género, pero añaden habilidades para alternar siempre que sintamos la necesidad. Cuando asumimos el papel de Eva podemos detener rocas con el Olor que nos permiten llegar al otro lado de un acantilado, o llegar a un lugar elevado que parece inaccesible.

Smelter, un híbrido que no es para todos los públicos

Las tres habilidades de Eva son importantes y vitales para sobrevivir en las intrincadas mazmorras del juego. Si el Dominio Gurabi nos permite recurrir a las fuerzas de la Tierra, golpeando a izquierda y derecha, el Nutoro uno nos hace revolotear entre una pared y otra sin caernos, haciéndonos atravesar puertas y enemigos, a los que podemos golpear por sorpresa con rayos disparados desde un cañón de plasma.

Nuestro favorito, sin embargo, es el Eramagu Dominion, que nos permite atacar a las criaturas con un látigo electrificado capaz de vencerlas. Si la situación se vuelve drástica en cambio, es mejor usar la Hoja Smelt: su barra está al lado de la de vitalidad, y es posible llenarla eliminando a cualquiera que se interponga en nuestro camino. La dificultad es moderada y nada compleja, bien equilibrada y combinada con el resto del juego.

Para potenciar las habilidades debemos necesariamente enfrentarnos a Trials esparcidos por las mazmorras. Algunas las encontramos originales y bien hechas, otras son desafiantes y realmente frustrantes. Cada uno está dedicado a la habilidad en la que queremos invertir, tanto para ser más fuertes como para llegar a los desafíos del jefe sin demasiados problemas. Una elección de juego muy racional que lleva a completar los árboles de habilidades de cada Dominio.

Las peleas de jefes son algo bueno para practicar, especialmente en las primeras horas del juego cuando aún no estás familiarizado con los controles. Para luchar de la mejor manera necesitas pensar y golpear eligiendo el momento adecuado entre un ataque y otro, alternando las habilidades que tenemos disponibles para salir victorioso. El fracaso es inevitable y a menudo ocurre debido a nuestro error: mejor prepárate adecuadamente, antes de correr hacia los brazos de la muerte.

Las fases estratégicas no representan nada nuevo en el horizonte, pero sí muy convincentes: nos ponemos directamente en la piel del tirano Smelter, que se frota las manos pensando en la conquista de las tierras de Rumbly. Los Zirm son nuestros subordinados, dispuestos a hacer cualquier cosa para satisfacer nuestros objetivos expansionistas en las nueve regiones explorables, que desbloqueamos a medida que avanzamos.

Smelter, un híbrido que no es para todos los públicos

Como puedes imaginar, es mejor construir caminos sobre los que construir nuestras casas para dar techo a los soldados en los cuarteles y torres de vigilancia. El posicionamiento de cada estructura es sencillo e intuitivo, además de vital para resistir las incursiones de nuestros enemigos. Recomendamos mantener las viviendas dentro de la región principal, colocando las estructuras de guerra en la frontera.

Desde el principio armamos a los Zirm como queramos, optando por defensas diferentes pero resistentes, útiles para afrontar las adversidades que nos puedan golpear. Al desbloquear la teletransportación podremos movernos de una región a otra para tener nuestro progreso bajo control, vigilando las tropas y defensas en el mapa del juego, así como los lugares a los que accedemos para iniciar las fases de plataforma, imprescindibles para continuar en la trama principal.

Un detalle que consideramos imprescindible es la posibilidad de trasladar a Smelter en el mapa del juego, en el que podrá defender las estructuras del imperio: una elección digna de elogio porque pega el resto de las muchas actividades que tenemos a nuestra disposición. Tan complejo como es combinar un juego de plataformas con un RTS, admitimos que estamos sorprendidos de cómo se han fusionado en el título.

Arte cuidado en un juego basado en 16 bits

El diseño de niveles es simple pero repetitivo, aunque los lugares a visitar son diversificados e inspirados. El trabajo realizado en la dirección de arte es bueno, sobre todo cuando accedemos a las fases de Undershell, que nos llevan a una realidad alternativa de la que podemos escapar en cualquier momento. Pasamos de escenarios cibernéticos a lugares que tocan la imaginación japonesa: esta es la característica que más nos convenció. Combinado con el motor gráfico de 16 bits, el resultado final es más que apreciable.

En el aspecto técnico, informamos ligeras caídas en la velocidad de fotogramas en los momentos más emocionantes, mientras que en las fases de plataforma el juego está bien optimizado. Desafortunadamente, en ocasiones nos vimos obligados a volver a cargar el guardado debido a algunos errores.

La ausencia de localización penaliza la comprensión de las líneas de texto más estructuradas, también gracias a una escritura sarcástica e irónica que muchas veces desemboca en el humor negro.

Smelter se posiciona en el mercado como un videojuego apto para fanáticos, para aquellos nostálgicos que quieren vivir una experiencia con un motor gráfico de 16 bits y que piden una experiencia hardcore con desafíos siempre diferentes. Además, también es longevo, instalándose en veinte horas, aunque puede durar mucho más. Si realmente no puedes olvidar los años 80 y los píxeles que recorren. tus venas, es uno de los videojuegos más adecuados que puedes conseguir.